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Lo primero que se encuentra al entrar en Salamanca son calles sucias, estrechas y casi deshabitadas, lo que le da el aspecto de una de las ciudades más tristes de Europa. Se nos hace difícil creer que su población, antaño numerosa, es al presente de 2.800 hogares. Pero se ve uno agradablemente sorprendido al llegar a su plaza moderna, tan notable por su limpieza como por la regularidad de su arquitectura. Adórnanla tres filas de balcones que se suceden sin interrupción y noventa arcos que forman los soportales. Entre uno y otro arco vense medallones con la efigie de los más ilustres personajes españoles. Se ve en uno de los lados las de todos los reyes de Castilla hasta Carlos III; en otro las de los héroes españoles más conocidos, como Bernardo del Carpio, Gonzalo de Córdoba, Hernán Cortés. Los de la parte oriental están aún vacíos. ¿Tardarán mucho en llenarse?.

La catedral de Salamanca, que fue construida en la época de León X, es de bastante mal gusto; sin embargo, lo atrevido de su nave y lo perfecto de sus adornos góticos hacen que sea uno de los edificios más notables de España. Hasta después del reinado de Felipe II, la fama de la universidad salmantina atrajo a estudiantes no sólo de toda España y Portugal, sino de Francia, Italia, Inglaterra y América del Sur. Esta moda ha pasado un poco, aunque según la última organización que le ha dado el Consejo de Castilla, la Universidad de Salamanca todavía cuenta con sesenta y una cátedras, un colegio de lenguas clásicas; y cuenta con doctos profesores empeñados en perseguir hasta en sus últimos reductos la pretendida filosofía aristotélica.

Una institución más moderna que la Universidad de Salamanca y en nuestros días más famosa, es la nombrada Colegios Mayores. Hay en España siete centros docentes que reciben este nombre, de los que Salamanca tiene cuatro, y todos ocupan edificios que se hacen notar, aunque sólo sea por su mole. El más antiguo, el de San Bartolomé, ha sido reedificado recientemente; su fachada y su patio principal merecen ser contemplados. Posee una biblioteca rica en manuscritos. De allí salieron varios sabios insignes, como el Tostado, cuya inmensa erudición y prodigiosa fecundidad son aún proverbiales.

Entre los muchos edificios religiosos que hay en Salamanca, me dijeron que fijara mi atención en la iglesia de los dominicos, la fachada de los agustinos y la iglesia de San Marcos. En la primera contemplé una fachada gótica, trabajada con mucho esmero, una nave inmensa y capillas ricamente decoradas, pero en vano busqué los numerosos cuadros que tanto me habían enaltecido. El techo del coro está pintado al fresco por Palomino, quien, al escribir la vida de los pintores españoles, trató dogmáticamente de las bellas artes. Y saqué la impresión de que, por lo menos en Salamanca, no habían unido el ejemplo al precepto.

No enumeraré todos los tesoros sagrados que se ofrecieron a mi vista, pero me place recordar la Biblia del famoso antipapa Benedicto XIII, español de nacimiento, a quien depuso el concilio de Constanza. «Tened cuidado nos dijo el religioso que servía de guía de no confundirlo con un papa del mismo nombre, procedente de la orden de los dominicos, y que fue un verdadero papa».

En la portada de los agustinos llamaron mi atención los excesivos adornos que lo recargan. Está frente al palacio del duque de Alba, que posee algunos estados en la provincia, que se resienten, como casi todos en España, de la pertinaz ausencia de los señores. Esta reflexión surge a cada paso en la mente del viajero curioso. Mientras los opulentos propietarios no vivifiquen, por lo menos con su presencia, sus posesiones, de suyo excesivamente extensas, las Sociedades patrióticas, la creación de fábricas, los estímulos para las labores de roturación, y otras acertadas disposiciones, no serán más que vanos paliativos para los males que minan desde dos siglos la monarquía española. Es éste uno de los inconvenientes, y menor del despotismo, que se rodea y colma de favores en la corte, a los que, aislados en, dominios podrían ser peligrosos. La vanidad del monarca exige que toda la nobleza le rodee, que todos brillen junto a él, pero ninguno lejos de él, con independencia. Tal era la norma de Richelieu, como de los reyes de España desde Carlos V. Con ello consiguieron asentar más sólidamente su poderío, en detrimento de la prosperidad de sus estados. La tercera iglesia que me habían elogiado es el antiguo colegio de los jesuitas, cedido hoy a una comunidad de canónigos regulares con el nombre de iglesia de San Marcos. Tiene de notable un magnífico portal de orden corintio.

El antiguo seminario de los jesuitas ha sido consagrado, en 1778, a la educación de una treintena de jóvenes eclesiásticos. La ceremonia de su admisión ha dado motivo a un bello cuadro de Bayeu, uno de los más hábiles discípulos del famoso Mengs.

Antes de dejar Salamanca se puede visitar un antiguo puente romano, de 27 arcos, sobre el cual se cruza el río Tormes al salir de la ciudad.