George Borrow
Joseph Townsend
J.F. Bourgoing
Richard Ford
Teofilo Gautier
Kurt Hielscher
Conde Saint-Saud

En estas páginas exponemos lo que nuestros viajeros escribieron sobre España. Pero antes de iniciar el viaje es conveniente que el viajero siga las recomendaciones que dió Joseph Townsend en 1787 para viajar por España.


Para viajar cómodamente en España, hay que tener una buena constitución, dos buenos criados, carta de acreditación para las ciudades principales, y una presentación adecuada a las mejores familias de los habitantes nativos y  extranjeros residentes en el país. El idioma se aprende fácilmente.

Sus criados deben ser un español y un suizo, uno de ellos debe estar familiarizado con la  cocina, y con el arte superior de preparar un viaje; lo cuál implica un conocimiento perfecto del territorio a través del cual  se va a viajar, de forma que pueda asegurar la provisión del vino, del pan, y de la carne en los lugares en donde haya abundancia, y en cantidad suficiente para transportarlos a los sitios en que hay escasez de los mismos. Para él, sus criados y su equipaje deberá proveerse de tres mulas suficientemente robustas para transportar toda la carga. En su equipaje debe incluir sábanas, un colchón, una manta y un edredón, un mantel, cuchillos, tenedores y cucharas, con un recipiente de cobre suficientemente espacioso para hervir su comida. Todo ello deberá guardarse con una cubierta con candado. Cada uno de los criados debe llevar una escopeta dentro de una funda en un costado de su mula.

Para viajar económicamente en España, deberá contentarse con lo que tenga a mano, y bien ir a las postas, cuando las hay, o juntarse con oficiales que viajan a sus destinos, alquilar un coche, o resignarse a una calesa, un calesín, un caballo, una mula o a un Borrico. Esta última opción es la más útil para cruzar el país o para deambular por las montañas. Si  tiene que cruzar un territorio infectado de bandidos, es más seguro ir con arrieros, en cuyo caso montará en una buena mula, ocupando un lugar que estaba destinado a un fardo de mercancía. El aficionado a la botánica acertará escogiendo un borrico, que siempre se puede conseguir, aunque como sucede en algunas ciudades no haya caballos. He utilizado esta honrosa denominación para el más paciente de todos los  animales, no quisiera herir la sensibilidad de algún joven viajero, diciéndole que en su primer viaje al extranjero puede encontrarse en la necesidad de montar en un asno. Sin embargo debe saber para su consuelo que a un asno en España no se le ve como en las regiones más frías del norte.

La mejor época para iniciar la expedición es en otoño, cuando puede ir por Bayona, Burgos. Valladolid, y Segovia, donde rápidamente podrá unirse con la corte en San Ildefonso.

Deberá procurarse cartas de presentación para las principales ciudades de España. De ésto dependerá el disfrute de su viaje. Durante el invierno puede ver todo el sur de España, Toledo, Córdova, Sevilla, Cádiz, Gibraltar, Málaga, Granada, Cartagena, Murcia, Alicante, Valencia, y Barcelona. Volviendo por Zaragoza a Aranjuez en la primavera; puede seguir el ganado merino a las montañas del norte, mientras que el país que va dejando atrás  se hace impropio para viajar a causa del calor sofocante, la falta de provisiones y las malas fiebres. Esta estación se puede emplear mejor en Galicia, Asturias, y las provincias de Vizcaya, teniendo además de camino Salamanca y León.

Si hubiera tenido estas recomendaciones antes de mi viaje me hubiera evitado una seria enfermedad provocada por la intensidad del calor en verano. En Inglaterra las fiebres intermitentes se atribuyen a las miasmas pantanosas, mientras que en España su origen es atribuido al golpe del sol del medio día. Me inclino a pensar que muchas veces esta es la verdadera causa.