Cosas de España

El país de lo imprevisto

Richard Ford (1830-1833) Grabados: Gustavo Doré

 

 

herraduras

Los remos deben estar siempre muy cuidados, pues como un caballo tiene doble que una persona, necesita también doble atención; y ¿de qué sirve un cuadrúpedo que no puede sostenerse sobre una pata? Esto es una cosa muy sabida y tenida en cuenta por los comerciantes, que son los únicos que hoy viajan a caballo en Inglaterra. Las herraduras hacen o estropean a los caballos, y ninguna persona sensata en España o fuera de España, que tenga un cuadrúpedo o siete pesetas, dejará de poseer la admirable obra Miles on the Horse's Foot. «Todo caballero andante, dice don Quijote, debe saber herrar a su Rocinante». (Rocín es la palabra árabe para caballejo). Por lo menos debe saber cómo se hace este calzamiento. Como norma general debe seguirse la costumbre de llevar el caballo al herrador, el cual hará las herraduras para sus cascos, pues de ningún modo se le deben poner herraduras hechas de antemano.

Si se tiene en algo la comodidad y el bienestar del animal, se le sujetarán las herraduras delanteras con cinco clavos, a lo sumo, en la parte de afuera, y con dos sólo en la interior, y éstos, cerca de la pezuña. De ninguna manera se le pondrán clavos a todo alrededor que formen un inflexible cerco de hierro muerto a un casco vivo que tiende a desarrollarse; convendrá acordarse siempre de llevar a prevención alguna herradura con clavos y un martillo, porque por falta de un clavo puede perderse una herradura, y la falta de una herradura puede producir al jinete una descalabradura. En algunas partes de España donde no existen caminos modernos, se puede ir con la cabalgadura casi desherrada, como lo hacían los antiguos y se hace en algunas partes de Méjico; pero un casco no protegido no puede soportar el continuo desgaste y la limadura de una carretera moderna.

 

otros consejos

El caballo estará probablemente en tales condiciones al poco tiempo del viaje que no necesitará más medicinas que su propio amo; sin embargo, un terrón de sal gema y un trozo de cal puesto por la noche en el pesebre, le harán un efecto tan beneficioso como al jinete un vaso de agua de Epsoms y soda. Se debe lavar muy bien la larga cola y las crines, que son el orgullo de los caballos españoles, tanto casi como un hermoso pelo en una mujer, con agua y soda, pues el álcali, combinado con la grasa del animal, forma un astringente muy beneficioso. Un gran remedio para los accidentes a que un caballo está

expuesto durante el viaje, tales como coces, cortaduras, distensiones, etc., son los fomentos de agua caliente, que se deben aplicar bajo la vigilancia del jinete mismo, para que no lo hagan mal o dejen de hacerlo, pues el agua caliente, según la familia lacayuna, se ha hecho para recibir algo más fuerte. La baticola y el pretal son indispensables cuando se ha de andar subiendo y bajando por montañas. El mosquero da mucha comodidad al caballo, pues como está en constante movimiento y lo lleva colgado delante de los ojos, le espanta las moscas; el cabezal de cuadra no debe quitársele nunca, sino que se arrollará durante el día sujetándole a un lado de la cara. La cola también se les suele atar cuando los caminos están llenos de lodo, y se les ata en la forma en que nuestros marineros y guardas montados usaban llevarla.