Cosas de España

El país de lo imprevisto

Richard Ford (1830-1833) Grabados: Gustavo Doré

 

el caballo andaluz

Hablemos ahora de cuadrúpedos españoles, ya que hemos colocado a los coches delante de los caballos. De éstos, el andaluz es el que ocupa la primera línea, es el que alcanza más precio, y los españoles, en general, le prefieren a cualquiera otra casta. Consideran su configuración y sus cualidades como lo más perfecto, y en muchos respectos llevan razón, pues no hay caballo más elegante ni más ligero de movimientos; ningún otro le iguala en tranquilidad y docilidad; ninguno más inteligente para aprender monadas o hacer maravillas de agilidad. Tiene poco de común con el caballo inglés de raza; su crin es suave y sedosa y muchas veces va trenzada con cintas de vivos colores; la cola es larga y se le deja todas las proporciones que le da la naturaleza, sin cortarla ni desmocharla, costumbre que tan mal le parecía a Voltaire:

«Fiers et bizarres anglais, qui des mêmes ciseaux, coupes la tête aux rois, et la queue aux cheveaux.» (1)

A algunos les arrastra hasta el mismo suelo, y ellos la manejan perfectamente, moviéndola a uno y otro lado, como un elegante juguetea con su bastoncillo; así es que cuando se va de viaje, es costumbre doblarla y atarla arriba, a la moda de las antiguas coletas de nuestros marineros. El caballo andaluz es de cuartos redondos, aun cuando más bien pequeño de grupa y ancho de pecho; lleva siempre la cabeza alta, sobre todo cuando va al trote; tiene patas largas, y eso favorece su alzada, que algunas veces llega a diez y seis palmos. Sin embargo, no tiene el modo de andar largo y gracioso del pura sangre inglés, pierde fácilmente el aire y vacila, y es muy frecuente que se alcance. Su paso es, no obstante, sumamente agradable. Por estar mucho tiempo trabados sus movimientos, son interrumpidos, como si los provocasen los muelles de un coche. Su típico paso castellano , muy sosegado, es algo más que el paso corriente, y no llega al trote; es realmente sosegado, parecido al movimiento de una silla de manos, y cuadra muy bien con un grave Don dado como un turco al tabaco y a la vida contemplativa. Los caballos andaluces que muy jóvenes caen en manos de los oficiales en Gibraltar, adquieren maneras completamente distintas, se entregan mejor a su trabajo y ganan mucho en velocidad domados por el sistema inglés. Pero, de todos modos, adiestrados o sin adiestrar, su paso es muy propio de caballeros, y como se lee en los versos de Beaumont y Fletcher: «Think it noble, as Spaniard do in riding, in managing a great horse, wich is princely» (2).

Según se ha dicho en muchas ocasiones, la manera más digna de representar a un rey de España , verdadero Ft?tpp?t es a caballo, encantando al mundo con su noble apostura.

Otras varias provincias tienen razas que son más útiles, aun cuando menos vistosas que la andaluza. El caballo de Castilla es un animal fuerte y resistente, el más a propósito de España para la caballería pesada. Los caballitos de Galicia, aunque feos y bastos, son insustituibles para aquella comarca montañosa y su laboriosa población; necesitan poco cuidado y se satisfacen con cualquier clase de forraje y maíz. Los caballos de Navarra, tan celebrados un tiempo, son aún muy apreciados por su gran fuerza; pero han degenerado por abandono en jacos, que, sin embargo, aun son bellos de formas, resistentes, muy seguros y excelentes trotadores. En la mayor parte de las ciudades grandes de España hay una especie de mercado en el que se venden caballos; pero la feria de Ronda, en mayo, es el gran Howden y Horncastle de las cuatro provincias de Sevilla, Córdoba, Jaén y Granada y el punto de reunión de todos los pintorescos pilletes del Mediodía.

 

(1) Fieros y extraños ingleses. que con las mismas tijeras cortáis la cabeza a los reyes y la cola a los caballos.

(2) Piensa con nobleza, como montan los españoles, y manejan su hermoso caballo, digno de un príncipe .

 

los chalanes

Los lectores de Don Quijote pueden estar ciertos de que la raza de Ginés de Pasamonte no se ha extinguido; los chalanes españoles o tratantes en ,caballos tienen muchos conocimientos; pero el más listo es un niño comparado con la perfección de bellaquería a que llega un profesional inglés en materia de transformar, arreglar y pintar un caballo.

La cría de caballos en España fue muy cuidada por los gobiernos antes de la invasión francesa, en cuya época se destruyeron y robaron los sementales y las yeguadas y se incendiaron los establos.

Las sillas que se usan, por lo común son árabes, de borrén muy alto delante y detrás; los estribos de hierro son una especie de caja triangular. El pienso es asimismo oriental y consiste en «cebada y paja», como se dice en la Biblia. Aun recordamos el horror de nuestro criado andaluz, la primera vez que llegamos a Galicia, cuando se precipitó en nuestra busca exclamando que los animales se morirían, pues no había que darles de comer más que avena y heno. Con mucha dificultad pudimos convencerle de que probase a ver si lo comían; lo cual hicieron con gran asombro suyo. Tal es, sin embargo, la costumbre, que pronto empezaron a desmejorarse y no se repusieron hasta que las brumosas montañas se cambiaron por las áridas llanuras de Castilla.

 

 

las mulas

Los españoles, en general, prefieren las mulas y los asnos al caballo, que es más delicado y necesita más atención y es de pie menos seguro en terrenos quebrados y escarpados. La mula representa en España el mismo papel que el camello en Oriente y tiene en su moral (junto a su acomodamiento al país) algo de común con el carácter de sus dueños: es voluntariosa y terca como ellos, tiene la misma resignación para la carga y sufre con la misma estoicidad el trabajo, la fatiga y las privaciones. La mula se ha usado siempre mucho en España y la demanda de ellas es grande; sin embargo, por un extraño error de la economía política (cosa muy española), se ha querido prohibir hace mucho tiempo la cría de mulas para favorecer la del caballo. Una de las razones que se alegaban era que la mula es un animal que no se reproduce, argumento que se podía o se debía aplicar igualmente al fraile, que es una casta en la que España podía aspirar al primer premio, en cantidad y en corpulencia, en concurrencia con todas las naciones de la cristiandad. Esta tentativa de forzar la producción de un animal menos a propósito para las necesidades y costumbres del pueblo, resultó estéril, como podía suponerse. Las dificultades sólo consiguieron elevar el precio de las mulas, que siempre han sido y son caras; una buena cuesta de 25 a 50 libras , mientras que un caballo regular puede comprarse por 20 a 40 libras . Las mulas fueron siempre muy caras; ya Marcial, sintiéndose un verdadero andaluz, habla de una que «cuesta más que una casa». Las más estimadas son las nacidas de yegua y asno garañón(1), algunos de los cuales son de extraordinario tamaño: uno que don Carlos tenía en su yeguada de Aranjuez, en 1832, era de una alzada de más de quince palmos. Este ,colosal asno era digno de un infante de España.

En este país las mulas, lo mismo que en Oriente, llevan el pelo cuidadosamente rapado o esquilado, a rayas unas veces, como las cebras, y otras, formando caprichosos dibujos, al estilo de los tatuajes de un jefe de Nueva Zelanda. La costumbre de esquilar es con objeto de que los animales estén más frescos y preservarlos de algunas afecciones cutáneas. En las provincias del Sur suelen hacer la operación los gitanos, que son chalanes, caldereros y vagabundos en España como en todas partes. Su manera de esquilar recuerda el «mulo curto». en que Horacio llegó hasta Brundusium. Estos operadores rivalizan en talento con aquellos dignos franceses que esquilan a los perros de lanas en Pont-Neuf, en el corazón y el cerebro de la civilizaciòn europea. Sus colegas españoles pueden ser reconocidos por las tijeras, enormes y de forma clásica como las de Láquesis(2) y sus hermanas, que llevan en la faja. Su especialidad está en esquilar las patas, que según ellos deben estar tan limpias de superfluos pelos como la palma de la mano de una mujer.

 

(1) El garañón se llama también burro padre , no padre burro . Padre , prefijo de paternidad, es el título que se da en España a los clérigos y frailes. Padre burro seria en algunos casos aplicable a los últimos, moral y físicamente, si no fuera por el respeto debido a la cogulla y 1a sotana.

(2) Cloto, Láquesis y Atropos son las tres Parcas hermanas. La primera hilaba, la segunda devanaba y la tercera cortaba el hilo de la vida humana.