Cosas de España

El país de lo imprevisto

Richard Ford (1830-1833) Grabados: Gustavo Doré

 

estepas interiores

La segunda zona es la ibérica o de Levante . En su parte marítima, es más asiática que europea, y sus habitantes de las clases bajas tienen mucho del carácter griego y cartaginés: son falsos, crueles y traidores, al mismo tiempo que vivos, ingeniosos y aficionados a los placeres. Esta zona comienza en Burgos, y la integran el mediodía de Cataluña y Aragón, con algo de Castilla, Valencia y Murcia. La costa debe visitarse en primavera y otoño, épocas en que es verdaderamente deliciosa. En verano es demasiado caliente y está infestada de millones de mosquitos. La parte de cerca de Burgos es de las más frías de España , y en ella el termómetro alcanza temperaturas mucho más bajas que en los sitios más fríos de nuestro país; como al mismo tiempo no tiene gran cosa para llamar la atención del viajero, será bueno abstenerse de visitarla, excepto en los meses de riguroso verano. La población es seria, sobria y castellana. Su elevación es muy considerable; el valle superior del Miño y algunos lugares de Castilla la Vieja y de León están situados a más de 6.000 pies sobre el nivel del mar y la nieve dura muchas veces en ellos más de tres meses.

La tercera zona es la lusitana u occidental, que es la mayor de todas y comprende algo de España y Portugal. El interior de esta zona, principalmente las provincias de las dos Castillas y la Mancha, en la condición del suelo, así como en la moral de sus habitantes, presenta el punto de vista menos favorable de la Península. Estas estepas interiores están calcinadas por el sol en verano y muy castigadas por las tempestades y el viento en invierno. La total carencia de árboles, setos y cercas expone sus extensas e indefensas llanuras a la inclemencia de los elementos. Miserables casas de barro, desperdigadas aquí y acullá en la desolada planicie, proporcionan un mezquino hogar a una población pobre, orgullosa e ignorante; pero estas comarcas, que tan poco tienen en sí de agradable y de provechoso para el viajero, se avaloran con algunos sitios y ciudades de tan gran interés, que nadie que trate de conocer España puede pasarlas por alto. Las mejores épocas de visitar esta parte de España son mayo y junio, o septiembre y octubre.

 

fajas marítimas

La cuarta zona es la bética , que es la más meridional y africana; costea el Mediterráneo, apoyándose en el pie de las montañas que se elevan a su espalda y forman la masa de la Península. Esta barrera constituye una protección contra los vientos fuertes que barren la región central. Nada más emocionante que descender desde las mesetas altas hasta las fajas marítimas; en pocas horas cambia por completo el aspecto de la naturaleza, y el viajero pasa de la vegetación y el clima de Europa al de África. La característica de esta región es una atmósfera abrasadora y seca durante una gran parte del año. Los inviernos son cortos y benignos, más bien lluviosos que fríos, pues en los valles del mediodía apenas si se conoce el hielo, como no sea en los helados; la primavera y el otoño son deliciosos, sobre toda ponderación. La mayor parte del cultivo es de regadío, sistema establecido por los árabes de una manera muy perfecta. El agua, con este sol abrasador y vivificante, es en realidad la sangre de la tierra y sinónimo de fertilidad. Las producciones son tropicales: caña de azúcar, algodón, arroz, naranja, limón, dátiles. El algarrobo y la adelfa son considerados como vegetación limítrofe entre esta tierra caliente y las regiones más frías porque está circundada.

Tales son las divisiones geográficas de la naturaleza con la cual tan íntimamente unidas están las producciones vegetales y animales; ahora entramos más de lleno a estudiar el clima de España , del cual están tan orgullosos los españoles como si lo hubieran hecho ellos mismos.

Esta zona bética, Andalucía, de la que forman parte muchas de las más interesantes ciudades y algunos de los lugares más bellos de la Península, debe ser objeto de preferencia para el viajero, y cada una de sus bellezas, considerada particularmente, abarca una gran extensión de variadas perspectivas y objetos, y, por lo tanto, como es accesible fácilmente, puede ser visitada durante la mayor parte del año. El invierno puede pasarse en Cádiz, Sevilla o Málaga; el verano, en las frescas sierras de Ronda, Aracena o Granada, siendo, sin embargo, preferibles siempre los meses de abril, mayo y junio, o septiembre, octubre y noviembre. Los que vayan en primavera deben reservar junio para las montañas; los que hagan el viaje en otoño deberán comenzar por Ronda y Granada, terminando por Sevilla y Cádiz.

 

 

las montañas

España, como ya se ha dicho, es una montaña o, mejor dicho, un conjunto de montañas, porque las líneas principales y las secundarias están todas ellas unidas más o menos y descienden serpenteando a través de la Península con una inclinación marcada el oeste. La naturaleza, dislocando de este modo el país, parece haber iniciado, mejor aún, impuesto a los habitantes el localismo y el aislamiento, pues encontrándose en sus valles y pueblos completamente incomunicados con sus vecinos, es inútil que se les induzca a sostener relaciones de amistad.

La comunicación interior de la Península, dividida por cordilleras, se lleva a efecto por carreteras bastante buenas, pero pocas y distantes unas de otras. Están constituidas salvando los accidentes demasiado penosos del terreno, procurando que vayan por los sitios en que el declive es menor y las pendientes menos rápidas. Estos pasos entre montañas se llaman puertos (portae-puertas). Hay sendas y veredas que unen entre sí varios puntos de la cordillera; pero suelen ser difíciles y peligrosos, y como en ellos no hay ventas, ni cruzan por pueblos, resultan más propios para contrabandistas y bandidos que para ciudadanos pacíficos, siendo por lo tanto, el mejor camino y el más corto, la carretera.

Las montañas españolas tienen generalmente un carácter triste y áspero, no exento de grandeza; las alturas están, por lo común, cubiertas de nieve, que brilla con el sol haciendo recortarse sobre el fondo azul del cielo la silueta escarpada y dentellada de las desnudas lomas; rara vez están cubiertas de bosque. Las masas graníticas se elevan sobre los verdes valles o los amarillos sembrados, semejando los castillos de un señor feudal, dueño de todo lo que está a sus pies, pero demasiado orgulloso para descender a tener nada de común con ello. Para ver estas montañas sin perder detalle de su forma, las mejores horas son a la salida y a la puesta del sol, pues durante el día los rayos verticales borran los contornos alejando las sombras.

Desde la costa se eleva el terreno directamente en las provincias del Noroeste y de algunas del Sur y de Levante hasta una faja intermedia seca y prominente; pero al terminar la ascensión no hay bajada propiamente dicha, sino que se encuentra el viajero en una vasta altiplanicie. Los caminos, aparentemente , tienen subidas y bajadas; pero, en realidad, no varía gran cosa la altura media; las llanuras y colinas interiores son ondulaciones de una misma montaña.

El viajero se engaña muchas veces por el bajo nivel aparente de las montañas nevadas, como el Guadarrama; y es que hay que añadirles la gran elevación de sus bases sobre el nivel del mar. El palacio del Escorial, emplazado en una especie de llano al pie mismo del Guadarrama, está situado a 2.725 pies sobre Valencia; y la residencia veraniega de los reyes en La Granja , en la misma cordillera, está 30 pies más alta que la cima del Vesubio. Esto, en verdad, es un castillo en el aire, un château en Espagne , digno del mayor potentado de Alemania, que es la dueña de aquel elemento, como Inglaterra lo es del mar.